Los espías de Putin merodean la Casa Blanca

La trama rusa entorno a Donald Trump dibuja a un presidente rodeado de asesores conectados con oligarcas, diplomáticos y funcionarios próximos a Vladimir Putin. Las investigaciones abiertas por el FBI y dos comités parlamentarios sobre la ayuda prestada por el Kremlin al magnate durante la campaña electoral van camino de convertirse en el gran escándalo de su presidencia.

La verdad de lo sucedido aún se mueve entre informaciones clasificadas, oscuros intereses económicos, filtraciones a la prensa y sospechosas intervenciones políticas desde la Casa Blanca con el objetivo de desviar la atención.

Este contexto de falta de transparencia da alas a la Administración Trump para negarlo todo y culpar a la prensa de conspirar con los demócratas para tratar de justificar la derrota electoral de Hillary Clinton. El goteo de revelaciones de las últimas semanas pone rostros a las conexiones entre los hombres de Trump y los de Putin.

El último en verse salpicado ha sido Jared Kushner, marido de Ivanka Trump y uno de los principales asesores del presidente. El Comité de Inteligencia del Senado le llamará a declarar para que explique sus reuniones con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, y con el director general del banco público de desarrollo Vnesheconombank, cuando Barack Obama todavía ocupaba el Despacho Oval.

El círculo ruso de Trump

No será el único. Paul Manafort, conocido lobista de Washington y antiguo jefe de campaña del magnate también comparecerá ante el comité. Su nombre ha vuelto a la palestra tras revelarse que ocultó haber trabajado entre 2005 y 2009 para Oleg Deripaska, oligarca ruso muy próximo a Putin. Su contrato incluía el cobro de 10 millones de dólares anuales por “influir en la política, los negocios y los medios de Estados Unidos” en beneficio del Gobierno ruso, según una exclusiva publicada por Assosiated Press.

La revelación ha puesto en evidencia a Trump y al propio Manafort, quien ha tenido que reconocer su relación con el millonario ruso. Tras facilitar el triunfo del magnate en las primarias republicanas de julio, el lobista se convirtió en su jefe de campaña. El puesto apenas le duró un mes al hacerse público que había cobrado 12,7 millones de dólares del partido prorruso de Yanukóvichen. Manafort negó entonces cualquier relación con el Kremlin pero fue despedido y sustituido por el polémico Steve Bannon, actual jefe de estrategia de la Casa Blanca.

Este claro enlace del exjefe de campaña del presidente con el entorno de Putin ha obligado a la Casa Blanca a tratar de distanciarse de sus asesores. “Jugó un papel muy limitado y en un espacio de tiempo muy corto”, dijo sobre Manafort Sean Spicer, portavoz del presidente, a pesar de que su relación laboral y de amistad con el magnate se remonta a los años 70.

El candidato republicano aseguró durante la campaña que el lobista trabajaba para él de forma voluntaria sin cobrar ni un dólar. La pregunta que todos se hacen ahora es: ¿Quién pagaba a Manafort?

El círculo de Trump conectado con Rusia se expande. Los viajes a Moscú del consejero de política exterior del presidente Carter Page son todavía una incógnita y el contacto del asesor Roger Stone con Guccifer 2.0, hacker de las cuentas demócratas, y su anunció en Twitter de las filtraciones por parte de Wikileaks, toda una sospecha. “No tienen pruebas”, dijo Stone este lunes en una entrevista con Político.

Además, al abogado de Trump Michael Cohen se le relaciona con el desarrollo de un plan secreto para levantar las sanciones a Rusia en conexión con el embajador ruso. Por último, está el secretario de Estado, Rex Tillerson, antiguo presidente de Exxon Mobil y viejo conocido de Putin.

La investigación del FBI

Las únicas certezas sobre la injerencia de Rusia en las elecciones se encuentran en un expediente elaborado por la CIA, el FBI y la NSA, que contiene todo lo sucedido hasta el 29 de diciembre. Solo los investigadores conocen quiénes y cómo se coordinaron para hackear los correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata y filtrarlos después a Wikileaks para acabar con la carrera electoral de Clinton.

Según fuentes conocedoras de las pesquisas citadas por la CNN, existen pruebas de viajes, grabaciones telefónicas, reuniones y negocios que demostrarían la coordinación entre asesores del presidente y agentes rusos para dar el visto bueno a la filtración de los e-mails de Clinton y de su jefe de campaña, John Podesta.

La únicas consecuencias de esta presunta colaboración, por el momento, han sido la dimisión el pasado mes de febrero del asesor de seguridad nacional Michael Flynn por sus conversaciones con el diplomático ruso en Washington sobre las sanciones impuestas por Obama a Rusia. Y la recusación del fiscal general, Jeff Sessions, de su intervención en la investigación sobre esta intromisión por mentir al Congreso sobre sus reuniones con el embajador. Ambos se vieron atrapados por la realidad de las filtraciones.

Los negocios rusos

Por otro lado, los negocios inmobiliarios acercan al presidente de Estados Unidos al dinero de los oligarcas. A pesar de que Trump insiste continuamente en que carece de deudas o cuentas pendientes con Rusia, sí que tiene entre estos millonarios a una extensa cartera de clientes.Al menos 63 personas de nacionalidad rusa compraron propiedades por valor de 98,4 millones de dólares a la Trump Organization en el Sur de Florida, según reveló Reuters. A la élite rusa le gustan los edificios del presidente.

Desde el país del frío, todo esto se ve como un ataque innecesario. El portavoz del Kremlin y asesor de Putin durante casi dos décadas, Dmitry Peskov, dijo en una entrevista concedida a la CNN que Rusia está siendo “demonizada” y que es imposible que su país haya interferido con las elecciones de 2016. “No existe ninguna evidencia”, afirmó Pekov, en línea con el argumento de la Casa Blanca.

A pesar de las quejas de Trump sobre las filtraciones, todas las partes participan en la guerra. En una actuación nunca vista en Washington, Devin Nunes, republicano y presidente del Comité de Inteligencia del Congreso, entró en el juego la pasada semana al dar una rueda de prensa para informar de la existencia de pruebas que indican que el equipo de transición de Trump fue espiado por los servicios de inteligencia a través de una “recolección incidental”.

Nunes acudió después al Despacho Oval a informar personalmente al presidente. Esta violación del protocolo del Congreso generó una cascada de peticiones de dimisión. Aunque el congresista se disculpó y matizó que las escuchas no tenían relación con Rusia, su movimiento expandió nuevas dudas y abrió una grieta en la independencia del comité. La sorpresa saltó este lunes cuando se hizo público que estuvo en la Casa Blanca la víspera de la rueda de prensa.

 

 


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