La última batalla siux contra el oleoducto de Dakota de Norte

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Campamento instalado cerca del oleoducto a su paso por la reserva de Standing Rock (Dakota del Norte). REUTERS

Nueva York/4 de diciembre de 2017/Publicado en bez.es

Una tubería de casi dos mil kilómetros ha abierto una grieta en el subsuelo del norte de Estados Unidos. Es el oleoducto ‘Dakota Access Pipeline’, que atraviesa cuatro estados y transportará miles de litros de crudo por debajo de ríos, lagos y reservas acuíferas de alto valor medioambiental. Esta obra de ingeniería es el monstruo contra el que lucha desde hace meses la comunidad indígena siux con el apoyo de activistas. La última batalla contra esta amenaza acaba de comenzar.

Cerca de 10.000 personas se encuentran acampadas en la confluencia de los ríos Missouri y Cannon Ball, al borde de la reserva siux de Standing Rock, en el estado de Dakota del Norte. Ese lugar es la ‘zona cero’ de las protestas contra el oleoducto que construye desde hace dos años la empresa texana Energy Transfer.

El campamento se instaló el pasado mes de abril cuando un grupo de indígenas se movilizó para defender un territorio que consideran suyo desde tiempos inmemorables. Su supervivencia depende de los acuíferos de estas tierras, donde se encuentran enterrados sus antepasados. Pero el avance no entiende de tradiciones.

A finales de octubre, las fuerzas del orden y el personal de seguridad de la empresa constructora lanzaron gases lacrimógenos, perros y cañones de agua contra los manifestantes que intentaban impedir que las excavadoras arrasaran con un cementerio ancestral. La brutal represión convirtió la lucha de los siux en una causa nacional.

Todos los focos giraron hacia las protestas organizadas a lo largo de los 1.886 kilómetros que recorre la tubería. Además de la atención de la prensa, los ciudadanos se sumaron a la resistencia con movilizaciones de costa a costa de EEUU en apoyo a las comunidades indígenas afectadas bajo el lema “el agua es vida”. La policía detuvo a un centenar de personas en las diferentes protestas, que aún continúan.

La lucha se extendió con otros dos asentamientos más. Uno junto al río Des Moines en Iowa, que aún sigue activo, y otro junto al río Mississippi en la frontera entre Iowa e Illinois, que se levantó al completarse el oleoducto a su paso por allí. A pesar de la resistencia, la obra, aprobada por las autoridades de los cuatro estados, está a punto finalizar.

La última resistencia

El último reducto de oposición se ha hecho fuerte en tierras siux, donde a la amenaza de las máquinas se han sumado ahora otros dos problemas. La primera tormenta de nieve del invierno y la orden de evacuación de emergencia dictada esta semana por el gobernador del estado, el republicano Jack Dalrymple. Mañana se cumple la fecha límite para el desalojo. Los habitantes del campamento, desafiantes, aseguran que nada les hará abandonar.

”Hay 7.000 personas ahí abajo y se encuentran muy bien, se van a quedar allí, no se van a ir, y si vienen las fuerzas de seguridad, no va a ser bueno para nadie”, avisaba esta semana Dave Archambault II, jefe de la tribu siux en declaraciones a Reuters. La batalla de los tribunales la perdieron el pasado mes de septiembre cuando un juez federal desestimó su petición de paralizar la obra sobre los territorios sagrados.

 Los siux han recibido esta semana una ayuda inesperada. Cerca 2.000 veteranos de guerra se han sumado a la acampada para ejercer de escudos humanos ante los posibles choques con los cuerpos de seguridad y para asegurar que los activistas cuentan con víveres suficientes para sobrevivir.

El Cuerpo de Ingenieros del Ejército, propietario de las tierras en las que está la acampada, ha advertido de que cualquiera que acceda al campamento a partir de mañana será acusado de delitos contra la propiedad privada. Esperan un traslado pacífico a otra ubicación. Pero la fuerza de la ley está de su lado. El portavoz del shérif del condado ha advertido en declaraciones a la cadena CNN de que cualquier persona que intente entrar o abastecer el campamento podría ser arrestado o multado con 1.000 dólares. “Qué tengan mucha suerte con eso”, contestaba Michael A. Wood, fundador de la iniciativa Veterans Stand for Standing Rock, que cuenta con 570.000 dólares en donaciones.

“El grupo lo formamos veteranos de todas las edades que hemos estado en todas las guerras”, añadía Wood, antes de pedir a sus compañeros que lleven a Dakota del Norte sus antiguos uniformes militares. Nadie espera un desenlace violento de los acontecimientos, pero la tensión crece en este punto del recorrido del oleoducto. El recorrido de la tubería continúa por Dakota del Sur, pasa por Iowa y finaliza en Illinois. 

No hay prisa por acabar la obra

La empresa constructora ha querido compensar a los siux con las indemnizaciones más altas por la instalación de la tubería en sus tierras. La oferta es de 21.000 dólares por cada acre de tierra (4.046 metros cuadrados). Pero los nativos americanos no quieren dinero ni tampoco se fían de las promesas de la compañía para minimizar el impacto medio ambiental del oleoducto.

Por otro lado, los responsables del proyecto no tienen urgencia por acabar la obra que tiene un coste de 3.8000 millones de dólares. Una posición que puede variar a partir de ahora, tras el anuncio de los países productores de petróleo (OPEP) de reducir la producción por primera vez en ocho años.

Cuando se aprobó la construcción del oleoducto en 2014, el precio del petróleo era mucho más elevado que en la actualidad, tras las bajadas de los últimos años por la sobreproducción, la premura para completar la tubería ya no era la misma. “Si la OPEP se reúne mañana y decide reducir la producción de forma significativa, habría un sentido de urgencia que no existe en este momento”, explicaba el pasado martes a Reuters el experto en energía de Bob Yawger.

La especulación del experto se hizo realidad al día siguiente. La reacción del mercado fue instantánea. El precio del barril de brent se disparó un 8% hasta los 50 dólares, unos cinco dólares por encima de lo que pagó España de media el año pasado. Si esta tendencia se mantiene, los analistas prevén que la cotización alcance los 60 dólares a principios de 2017.

EEUU no es miembro de la OPEP y podría ser el país más beneficiado por esta decisión. Una razón más para justificar la conclusión de este gigante de la ingeniería, que transportará 470.000 barriles diarios de crudo desde Bakken, la refinería más grande de EEUU, situada en Dakota del Norte, hasta Patoka (Illinois). Una vez en que el petróleo llegue a su destino, otro oleoducto ya construido, transportará el crudo hasta las refinerías de Nueva Jersey y Texas. Las tribus siux ya no sólo luchan contra una empresa y la conservación de sus tierras, sino contra el coletazo de una industria de energías fósiles de poder mundial que se resiste a ceder terreno a las renovables.


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